Condenamos nuevo ataque al Lugar de la Memoria

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Condenamos nuevo ataque al Lugar de la Memoria

Los pueblos y las mujeres indígenas tenemos aún muchas heridas abiertas dejadas por el conflicto armado interno que asoló nuestro país durante más de veinte años porque el mayor porcentaje de las víctimas fueron parte de nuestras comunidades campesinas y nativas: estuvimos encerrados entre dos fuegos y  sufrimos masacres, asesinatos, secuestros, torturas y desapariciones. Por eso nos duele y nos indigna actitudes como las del congresista Edwin Donayre contra el Lugar de la Memoria, Tolerancia e Inclusión Social (LUM).

Este tipo de actitudes fomentan el odio y remueven las heridas, impidiéndoles cicatrizar. Además que son una burla y una falta de respeto a la memoria de las víctimas del conflicto, no solo indígenas sino de las fuerzas de orden, dirigentes populares y de todos los sectores.

Las integrantes de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas  Andinas y Amazónicas del Perú (ONAMIAP) estamos convencidas de que conocer la verdad y discutir acerca de ella es el camino más seguro para la reconciliación nacional. Los pueblos y las mujeres indígenas defendemos la vida y rechazamos el terror, venga de donde venga. Nosotras pedimos memoria y que la historia sea contada con todas sus aristas para que no se vuelvan a cometer los mismos errores.

Es menester que la reconciliación nacional involucre a la sociedad en su conjunto, lo que no significa ignorar los crímenes sino sancionarlos conforme a ley, escuchar todas las voces, emprender con todas y todos un diálogo horizontal, y fortalecer las organizaciones sociales.

Las mujeres indígenas exigimos que el congresista Donayre se retracte y pida disculpas públicas porque denunciar los crímenes y honrar la memoria de las víctimas no es apología del terrorismo. Son actitudes como la suya las que fomentan el terror, el odio y la intolerancia entre compatriotas. Asimismo, expresamos nuestra solidaridad con el Lugar de la Memoria y convocamos a toda la sociedad a defenderlo.

Finalmente, recordemos que el conflicto armado interno reveló a las ciudades ese otro país azotado por la pobreza y la marginación que tanto tiempo había sido ajeno al imaginario social. Y ahora urge la necesidad de que el Estado y la sociedad civil vuelvan los ojos hacia ese Perú indígena, hacia sus derechos, su diversidad, su apuesta permanente por la vida y también hacia sus necesidades.

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