“Es más que petróleo en la sangre”: Las mujeres indígenas y los efectos de la industria del gas y el petróleo en Perú

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“Es más que petróleo en la sangre”: Las mujeres indígenas y los efectos de la industria del gas y el petróleo en Perú

Foto: Mongabay

*Por: Nicolle Gamarra

“Ese día, me empezó a doler la cabeza. Yo lloraba, tenía náuseas y vómito. Mis brazos ardían, salía sangre y se hacía herida. Las marcas del petróleo aún no salen… “sostiene una de las niñas contaminadas por el derrame de 3000 galones de petróleo en el rio Chiriaco, Amazonas, Perú

Según el Indeci, Instituto Nacional de Defensa Civil, este derrame dejó aproximadamente 4696 personas afectadas.

La industria del petróleo y el gas son una de las más grandes en el Perú. Según un estudio realizado el año 2010 de Martí Orta y Matt Finer, del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la UAB, estas abarcan más del 41% de toda la Amazonía peruana y planean extenderse hasta un 80% en los próximos años. Sin embargo, las cifras de concesiones no es lo único que parece expandirse, la cantidad de derrames de estas sustancias tóxicas y la afectación a cada vez más comunidades y, en especial, mujeres indígenas, también.

Según un informe del Organismo Supervisor de la Inversión en Energía y Minería del 2016, en los últimos 20 años se han registrado más de 190 derrames de petróleo. “Esta situación de emergencia permanente […] viene generando una serie de transformaciones y afectaciones sociales, a la salud, culturales, y ambientales. Son […] las mujeres […] por los roles de gestión comunal y familiar, las que vienen enfrentando con mayor impacto este contexto” sostiene el Grupo de Trabajo sobre Pueblos Indígenas de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos del Perú.

Un caso emblemático es el sucedido el 25 de enero del 2016, donde se derramó más de 3000 litros de petróleo en la quebrada de Inayo, Chiriaco. Después de lo sucedido, la empresa ofreció a los pobladores de las 5 comunidades aledañas desde 3 s/ hasta 150s/ por balde de petróleo recolectado. Frente a la oferta, según la Indeci, acudieron a recoger el petróleo más de 243 personas, las cuales quedaron heridas; 80 de ellas eran mujeres y 26 eran niñas.

Julia, una pobladora de la Comunidad de Nazareth nos cuenta su experiencia; “Cuando lloraba por mi hija, ellos me decían

  • “Pero, por qué lloras, si solo es un poco de petróleo en la sangre”
  • “Es más que petróleo en la sangre” yo respondía. “A ellos les costó 3s/ por balde, pero a nosotras, nos costó la salud, la vida“

Sin recursos

“Sentía dolores en la cabeza insoportables, fiebres y dolores estomacales. El agua que había tomado no tenía el mismo sabor que siempre y los peces olían raro. Los dolores fueron muchos y tuve que irme al hospital en Bagua, allí me quedé internada”  sostiene Amelia Pujupat, indígena de la Comunidad Nazareth, Amazonas.

Debido al surgimiento de las expectativas de ingreso monetario, la instalación de las empresas petrolíferas y gasíferas trajo consigo que muchos de los hombres indígenas dejen sus labores tradicionales y prefieran trabajar para las empresas extractivas. De esta manera, ellos pasan extensas jornadas en sus instalaciones, en ocasiones, semanas, viviendo y alimentándose en sus sedes de trabajo con mercancías enlatadas y productos que la empresa provee y trae de las ciudades más cercanas. Sin embargo, este no es el mismo destino de las mujeres indígenas quienes, por sus roles y necesidades, viven día a día más expuestas al  petróleo proliferado en sus recursos, territorios y alimentos.

Históricamente, la labor de la mujer indígena ha sido la manutención del hogar y la recolección del agua para la familia.  Esto con el fin de que esta pueda proveer los mejores alimentos y el mantenimiento de sus herramientas. Sin embargo, la contaminación por los derrames de las empresas de hidrocarburos, hoy hace más complicada esta labor, exponiéndolas a jornadas más largas o a enfermedades, lo cual las obliga a dejar su comunidad.

Según la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos del Perú, debido a este nuevo panorama, “es necesario recorrer mayores distancias para cosechar agua limpia. Las mujeres son las primeras afectadas por este cambio ya que son ellas quienes […cosechan…] el agua para el uso doméstico”. Sin embargo, los efectos no terminan allí y es que según esta Coordinadora “esto trae a su vez otros problemas como la falta de asistencia en la escuela de las niñas, por participar en dicha labor que debido a la presencia de los proyectos, requiere mayor tiempo; así como problemas de seguridad e integridad física”.

De la misma manera, muchas mujeres indígenas, al quedar enfermas por las largas jornadas o por el contacto con el petróleo, se verán obligadas a dejar sus hogares para buscar la cura en las ciudades como el caso de Amelia de la Comunidad Nativa Nazareth, mujer afectada por el derrame de petróleo en el río Chiriaco. “El alejamiento de Amelia de su comunidad y de su familia supuso el alejamiento de sus labores y de su rol para con sus hijos. Esta consecuencia es común en escenarios extractivos […] se tiene que viajar y ausentar de la comunidad dejando abandonados a sus hijos y su familia” sostiene el Grupo de Trabajo sobre Pueblos Indígenas de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos del Perú.

Sin embargo, esto no es lo único que nos deja la industria del petróleo y gas.

Mayor carga laboral

“Desde ese momento no soy una mujer sana, soy como una inválida. Hasta ahorita no puedo levantar ni un balde de agua. […] tomo agua de lluvia, y cuando voy lejos de Cuninico a pescar, tengo miedo de comer el pescado […] pero cuando no hay nada ya tenemos que comer ese, por necesidad” sostiene Juana Rosa Otejón, mujer indígena de Cuninico, Loreto

Y es que la venida de estas empresas extractivas ha representado también el incremento de la carga laboral en las mujeres indígenas.

La introducción del intercambio monetario y los empleos asalariados por la venida de las empresas de hidrocarburos, ha expandido una lógica de costo beneficio en la comunidad y, sobretodo, en los hombres. “Esta expectativa [los] ha llevado a abandonar […sus actividades principales…] como la caza y la pesca [ya que son actividades que no les trae compensaciones monetarias Y, muy al contrario, ha] provocado la creciente espera de varones por alcanzar algún puesto de trabajo en la empresa de gas” señala el Informe sobre Vulneraciones Diferenciadas a los Derechos Humanos de las Mujeres Indígenas en Contextos de Actividades Extractivas en el Perú.

Frente al abandono de los hombres de sus actividades principales, las mujeres indígenas han comenzado a desarrollar tanto la labor del hombre como de la mujer en la familia, exponiéndose, en su inexperiencia, a nuevos peligros. En palabras de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos del Perú, en el caso de la pesca, ellas “han asumido el control de embarcaciones familiares en las que junto a sus hijos surcan ríos en búsqueda de pescado que permita alimentarlo por días o semanas, ellas, cada vez tienen que navegar más lejos, exponiéndose a situaciones de riesgo. Son muchos los casos de volcaduras de botes con mujeres y niños en los últimos años”.

Foto: El País

Sin embargo, esto no es todo, y es que la ausencia del hombre también ha representado mayor estrés y presión en la mujer. Como sostiene el informe presentado a la CIDH por la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos del Perú, “su labor en los campos de cultivo se ha tornado mucho más vital, ya que ante […] el abandono de actividades […] como caza y pesca ha incrementado la presión en los resultados de su labor. Ahora es necesario producir más en la chacra para poder alimentar a la familia”
Sin embargo, los efectos de estas empresas en el Perú han ido más allá y hoy enfrenta a muchas mujeres indígenas a un escenario reacio y de rechazo en sus comunidades.
Rechazo
“Casi mensual sabías que la tal fulana está embarazada de un mes, de dos meses, de tres meses, a sus cuatro meses ya estaba yendo a Maypuco sangrando. A la otra semana, otra sangrando […] ya a nosotras nos tenía como mujeres abortadoras. Mujeres abortadoras de Cuninico, porque a cada rato se iban las madres con este tipo de enfermedad” sostienen Flor de María Parana, mujer indígena afectada por el derrame en Cuninico, Loreto
Dentro de los muchos roles que cumple la mujer indígena, uno de los más importantes es el ser madre. De esta manera, su responsabilidad es no solo la de originar vida, sino cuidar la de todos los miembros de su familia. Tan importante es este rol que, del desarrollo y mantenimiento de esta, derivará su prestigio y respeto en la comunidad. Sin embargo, hoy en día, las nuevas enfermedades originadas por las sustancias tóxicas de los numerosos derrames y las empresas en sí, hacen más difícil el desarrollo de esta labor por parte las mujeres indígenas, enfrentándolas a un ambiente donde se las desacredita y humilla.
Este es el caso, por ejemplo, del pueblo Achuar. En poblados como estos, “consideran que las enfermedades no son debidas a causas naturales o externas sino a una falla de la madre, lo cual tiene consecuencias psicológicas dramáticas como la depresión, la angustia etc. […] Además de la grave afectación a la salud de los hijos, las madres tienen que cargar con el peso psicológico de no encontrar un tratamiento adecuado para ellos” sostiene Informe sobre Vulneraciones Diferenciadas a los Derechos Humanos de las Mujeres Indígenas en Contextos de Actividades Extractivas en el Perú.

Foto: EFE

Sin embargo, estos entornos de rechazo no solo se reflejan en su labor de madre, sino en su función como conservadoras de los huertos o chacras familiares. “Las mujeres derivan un orgullo personal y un prestigio de su producción pues intervienen […] según muchas creencias, sus “poderes” y habilidades. […] se concibe que mediante cantos secretos las mujeres pueden influir en el alma de las plantas para el éxito de la producción”. Lamentablemente, hoy en día, producto de los elementos tóxicos que se desprenden los derrames de hidrocarburos, las tierras se vuelven cada vez más infértiles e improductivas; haciendo inútil, de esta manera, cualquier intento de las mujeres indígenas por mantener vivos los huertos contaminados. De esta manera, prosigue el informe, se origina “la pérdida de prestigio y de poder [de las mujeres] dentro de la comunidad [… por…] su “incapacidad” de mantener una buena chacra”

Julia tenía razón, hoy en día, los efectos de las empresas de gas y petróleo son cada vez más letales y, sobretodo, para las mujeres indígenas. Y es que “es más que petróleo en la sangre”. A ellos les costó 3s/ por balde de petróleo, pero, a ellas, les costó su salud, su integridad física y moral y su vida.

*Nicolle Andrea Gamarra fue periodista Freelancer en Climate Tracker, red mundial de periodistas del clima y negociaciones de la ONU. Es estudiante de Derecho y tiene interés por los derechos humanos, cambio climático y temas de género.

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